Queridos amigos,
Cuando leáis este mensaje yo estaré en Argentina. Estoy seguro de que también a vosotros os gustaría: en medio de la naturaleza tendré la compañía del afecto de vuestros mensajes. ¡Me habéis mandado realmente muchos! Es verdaderamente un honor tenerles como compañeros de viaje en esta nueva aventura. Vuestros mensajes son estímulos llenos de pasión, lamento no poder responderlos a todos, pero les aseguro que me hacen realmente feliz. Soy yo quien debe felicitaros: es bello encontrar todavía gente capaz de regalar emociones.
Argentina es mágica. Si alguno de vosotros ha tenido la suerte de ver estos lugares, estoy seguro de que pensará lo mismo que yo.
Es imposible no quedarse sin aliento cuando, entre las intensas emociones de la mañana, se ve aparecer el sol sobre estas interminables pampas, donde todavía se puede reconocer la gran fuerza de la naturaleza. Los colores y los sonidos parecen llegar de otro mundo, pero lo que más me sorprende es el silencio. El silencio de la naturaleza no se puede describir con palabras: te llena el corazón y te hace sentir niño nuevamente.
Porque el silencio es simple, tiene todo dentro, un todo que te hace sentir bien.
Me hace recordar el fútbol de cuando era chaval y revivir un poco esa alegría de correr detrás de la pelota, que traté de conservar hasta mi último partido.
Sucede que a veces me detengo a observar los partidos entre muchachos, para volver a encontrar ese sentimiento, ese amor por el juego. Aquí los chavales todavía juegan a la pelota en la calle o en los potreros, con el sueño de volverse jugadores de fútbol. El gusto por la técnica, por la jugada espectacular persiste incluso en las categorías mayores. Por eso me gusta el fútbol argentino. Existe táctica, competitividad, pero la técnica sigue siendo exquisita. En las escuelas de fútbol está la base de toda la carrera de un futbolista y los resultados se ven. ¿Cuántos jóvenes argentinos están jugando muy bien en el fútbol del más alto nivel actualmente? Muchísimos, y podéis estar seguros de que llegarán a Europa muchos otros talentos de este país. Sólo espero que mantengan ese gusto por jugar al fútbol que tenían de niños. Lo deseo por ellos y por el fútbol del futuro.
Hasta pronto.
Un abrazo, Roberto